sábado, 7 de febrero de 2015

Tiritas.

Hay tiritas que nada más ponerlas se despegan, tiritas empapadas en sangre que nadie se molesta en cambiar, tiritas que al quitarlas te duelen más que la herida que tapan.
Pero lo que más duele no son ni las heridas ni la piel al despegarte las tiritas, lo que más duele es tener que llenarte de tiritas sola, y yo hoy he llenado cada dolor de tiritas.
Me he puesto una en la garganta, porque pese a no saber nada de anatomía tengo mis razones para creer que es justo ahí donde está el alma (hecha un ovillo) por qué sino la gente se iba a ahorcar.
'Hace tiempo ya que a mí la miel no me calma el dolor de garganta porque yo en la garganta tengo un millón de abejas'
Otra en el pecho, donde me late, su hogar con sus correspondientes destrozos. Ahí guardo sus ojos tristes entre toda la felicidad del resto, la mirada de 'me estás salvando la vida' a tres centímetros, y el cómo le brillaban a pesar de estar rodeados de oscuridad. Su pelo, echo un caos, como la vida. Su cuello. Sus labios, y su sonrisa. El tacto de su piel. Y cada beso. Cada abrazo. Cada 'te quiero'. La única forma de sacarle de ahí adentro es abriéndome el pecho, y me desangraría tan rápido que sería de risa tratar de frenar la hemorragia con tiritas.
Me duele, justo en el centro del pecho, el latir del mundo, no sé si es una ventaja, por lo de 'sé cafeína para su sensibilidad anestesiada' o una desventaja porque me calan y se quedan clavadas en la piel miles de injusticias que yo sola no puedo controlar. Me dijo una amiga hace un mes que tenía que dejar de querer salvar a todo el mundo, porque no puedo y que hay gente que no quiere salvarse, y que yo no puedo hacer nada, me dijo que tendría que dejar de preocuparme por todos y empezar a preocuparme por mí. Y tiene la razón, pero no sé cómo hacerlo y hasta que aprenda sólo me queda el echarme a perder, que siempre fue perderte y luego perderme.



MissRuines.

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