martes, 16 de junio de 2015

Musas (II)

Podría ser la musa de cualquiera, soy la que se sienta en la repisa de la ventana a fumar desnuda leyendo a Bukowski un viernes a las 3 de la mañana. Yo me bebo, me fumo, me esnifo, me vomito, catarsis, sangro, me pongo las tiritas y las vendas y como si nueva con las lecciones ya aprendidas de las heridas y las cicatrices en la piel, la sonrisa como prueba de amor al odio que siento por el mundo, miradme, aunque no sea mi única musa que quede claro que soy yo la que se escribe y se recita, yo solita. No soy de nadie, no soy ya tampoco por nadie, me soy ajena pero me soy mía y es suicidio y homicidio, decir, que por fin, soy la mujer de mi muerte.

Miradme, la musa y la artista, mataríais por ser, por escribirme.

Y al igual que ese poema:


‘Estaba loca, loca de remate,
y era guapa, guapa de cojones.
y conocía a la luna,
y bailaba rock&roll frente al espejo,
y salía
y bebía
y no se acordaba de nada al día siguiente.

Estaba rota, tanto como un trapo,
y era dura, dura de roer,
y odiaba a los poetas,
y se ponía hasta el culo
y lloraba
y se corría
y no se acordaba de nada al día siguiente.

Dormía poco,
y tenía las ojeras más preciosas
que habían ignorado jamás.
Era la princesa de mi cuento,
la que follaba con Extremoduro sonando de fondo
y se metía de todo, menos mis drogas.

Amaba,
era capaz de amar,
por encima de cualquier boca despeinada,
de cualquier trovador de mierda,
de cualquier basura literaria que le escribía,
era jodidamente perfecta,
y su único defecto era yo.

Sospecho que venía de otro mundo,
por eso de que nadie había logrado entenderla nunca,
aunque siempre era la que más gritaba,
y que era inmortal
por eso de sus infinitas pecas,
y que me tenía calado,
y que sabía cosas sobre mí que nadie sabrá jamás.

Era la chica con la que desearíais pasear el resto de vuestra vida,
era la chica diez,
y le faltaban un par de veranos;
conmigo, digo,
y cada vez que me la encontraba por ahí,
me decía que no se acordaría de nada al día siguiente,
y aún así,
me iría a vivir con su olvido,
todos los días del resto de mi vida.’


También tengo un poco de aquella canción de Hasél, ya sabéis: 'la cabrona más triste y sonriente del bar'.


MissRuines.

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