La magia de las estaciones de tren, las idas, las venidas, el 'ya nos vemos', el 'no me dejes nunca', los 'me subo contigo', todos los 'ven a verme', los besos a quemarropa, los abrazos que cicatrizan.
Tiene que haber magia en las estaciones de tren.

Una capa de niebla que envuelve y reconforta, son despedidas, lágrimas, dudas y peor aún: certezas, pero también son borrones, cuentas nuevas, besos, polvos en los baños, abrazos que duran una eternidad, pero que se acaban demasiado pronto, avisos que separan muchas veces pero por los que das las gracias otras tantas, que al fin y al cabo te exigen vivir en el momento, es esa la magia, el toque de queda, el aviso, el poner los pies en el andén y tenerla al lado, son las ganas de iros, 'y sólo espero que me arda la voz y que nos pase algo lo suficientemente grave para poder desnudarte en el lavabo', de dar fuga a esos problemas y rienda suelta a la vida.
Son las ganas de vivir, el aterrizaje forzoso, 'el siguiente tren destino___ realizará su salida en 3 minutos en el andén número 2' siempre en el 2.
En las estaciones de tren se ve sintetizada la vida, sin caretas, máscaras, cortinas o persianas,
la vida. Compartida, distanciada, la ida, el aviso, la ausencia, el frío, la sombra, el fantasma, el vacío, la vuelta, el entrelazaros como las vías del tren y el mezclaros como el café con leche en la cafetería de la estación, es el humo del cigarro que se consume mientras la abrazas, la niebla en los ojos y la vista como los cristales: empañados. Es el vivir, apurar la última calada, exprimiros, agotaros, y volver, siempre volver.
Tiene que haber magia en las estaciones de tren.
MissRuines.
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