lunes, 26 de enero de 2015

La cobardía de las vidas prefijadas, el negarse a jugar por la posibilidad de derrota.

Dicen que el asesino siempre vuelve al lugar del crimen, por eso, deduzco, acabarás por volver a mí, porque tras la soledad estás tú, preguntándome qué viene después de la soledad, pero detrás de tu historial de daños y pérdidas sólo está la cobardía entre la que te ocultas como si fuera esa niebla en la que no te puedes desvanecer.
Lo que se dice es que el asesino siempre vuelve al lugar del crimen, lo que nunca se comenta es que la víctima, herida de gravedad pero no de muerte siempre se queda, por si no es la última vez, como esperando el disparo final tras tantas heridas, polvo y cicatrices.
¿Qué? ¿Que si el reloj va en contra tú no vas a favor?
Os inventáis miles de excusas y falsos motivos para ocultaros, porque os acojona el encontraros en otra persona por no ser capaces ni de sostenerle la mirada al espejo.
No es que juguéis mal vuestras cartas y perdáis, vamos a ver, lo que os pasa es que rompéis las cartas por el miedo a jugar, porque sois incapaces de aceptar que hay partidas que aún perdidas merecen la pena ser jugadas y vividas hasta el final, lo que os pasa es que necesitáis tener la certeza de que todo vaya a salir bien y esa certeza no os la va a dar más que una vida prefijada, así que vamos, meteros de lleno en ella, seréis uno de tantos, hay gente normal, el mundo está repleto de ella, llevan vidas no solo ordenadas, sino preestablecidas, cumplen órdenes que no condicionan, ya que creen que lo justo es respetarlas aunque no sean éticas, y fue justo así es como se escribieron siglos de historia sobre nuestra sangre.
Hay personas que mueren toda la vida y que sólo al morir físicamente producen un sobresalto. Ya sabéis como va, se llora su pérdida cuando nunca contaron con su presencia.
Imagino que quedará gente que crea estar contenta con su vida y lo que les depara el futuro.
Son muchísimos los que buscan un empleo fijo, un domicilio estable, una pareja con la que casarse, endeudarse con el banco para poder llamar suya a una casa, quieren niños y también quieren un perro, quieren el cupo completo por ser incapaces de querer nada. Quieren un amor tan interesado que ni siquiera se atreven a rascar en todos en todos esos intereses creados porque les aterra llegar al que quieren porque les acojona estar solos. Vivir solos. Morir solos.
Imagino. Que los locos somos pocos, pero que tenemos las ideas tan bien amuebladas que hacemos que se tambaleen vuestros falsos pilares.
Toda la mierda que estáis viviendo no me llama por una sencilla razón: ya la viví.
Y aquí, en una nomención a Lana del Rey puedo deciros, afirmar y asegurar que no busco ni dinero, ni poder, ni gloria.
Vuestra vida, tan ansiada por todos vosotros, y vuestro concepto de (algo que ni siquiera creo que exista) la felicidad, internalizado y asumido como propio es vuestro. Y vosotros mismos si creéis que vale. Es vuestra vida, cada suicida elige su soga. Pero a mi vuestra existencia me vacía.
Porque no os implicáis. No os arriesgáis. Calculáis y amáis con certeza sobre las líneas y con unos márgenes ya establecidos. Nunca vais a ganar porque nunca habéis perdido.
Conocer a otras personas es conoceros también a vosotros mismos, porque a nivel espiritual también sois anatómicamente iguales.
Yo no quiero ser normal. Y como me han dicho (por suerte) unos nueve mil millones de veces: que suerte que no lo soy.
Que está muy bien que tengáis vuestra vida establecida, y que ya a los 15, 16, 17, 18, 19 y 20 sepáis lo que vais a hacer a los 25, a los 30 y el resto de vuestra vida, pero vuestro orden me desordena la puta cabeza y esa vida a mí me da nauseas. Así que deciros, que porque seáis normales (y los comúnmente dominantes, dominados y aceptados) no os da derecho ninguno a mirar vidas ajenas por encima del hombro.
'Podría tener el mundo entre las manos, pero para quien lo quiera.'
Así que adelante, inténtalo con falsos cimientos basados en promesas vacías y en bases ficticias lo de esperar tener una vida real y una estructura que no se derrumbe al primer suspiro.
No es el ‘quién no apuesta no gana' es que no apostáis porque anticipáis lo que tomáis como una certeza de pérdida.
¿Qué? ¿Cuánto más vais a seguir? Haciéndole un pulso a la muerte por negaros a vivir vuestra propia vida.
Venga, vosotros mismos, podéis alejaros, quemar cartas, romper fotos, tirar regalos, podéis meteros mil mierdas que os hagan olvidar vuestro nombre y desear moriros cuando busquéis sus ojos en un mar de gente, podéis beber como si en lugar de enterrar cientos de neuronas os enterraseis a vosotros mismos. Pero ¿cuánto más? ¿En serio vais a desperdiciar vuestra vida? ¿En serio no os vais a dar ni una sola oportunidad?
Escuché hace dos días que mientras hay vida hay esperanza, miradme a los ojos y dejad de mentiros, de mentirme, de mentir, de engañaros, de engañarme, de engañar, miradme a los ojos y atreveros, por primera vez (aunque todos sepamos que no vaya a servir de precedente) a decirme que si ha fallado no fue por inercia, aceptadlo, asimiladlo, reconocedlo y creéroslo, que si las cosas no se cuidan, si no se aprecian, si no se tiene la decencia de luchar por lo que se dice querer las cosas no caen, sino que se empujan, se lanzan al vacío e instantes antes de romper levitan, y joder, bendita la manía de hablar de algo cuando se trata de alguien, la de escribirle a alguien como si fuese cualquiera pero respondedme al qué, al cuánto más.
Sois unos cobardes.


MissRuines.

No hay comentarios:

Publicar un comentario