lunes, 8 de diciembre de 2014

Coger trenes en la estación equivocada.

Hay una chica que va a la estación de tren cada domingo, se sube al primer tren que llega, sin fijarse muy bien a dónde va y sin tener billete.
Sonríe cuando los demás le sonríen pero cuando apartan la vista se le cae la sonrisa de la boca como si sólo fuese una máscara mal puesta.
Va mirando por la ventana a medida que sus ojos se llenan de oscuridad, y muchas veces de agua; como si tuviese océanos en el alma y hubiese un iceberg que le impide llorar "el verdadero dolor es una ballena demasiado grande para poder ser arponeada".
Tiene las ojeras muy oscuras y siempre va sin peinar; no va muy abrigada, y con esto me refiero a que siempre lleva un jersey y una palestina y muchas veces cuando tiembla de frío se le ponen los nudillos morados y mientras se los acaricia, siempre, siempre suspira.
Hay una chica que va a la estación cada domingo, no sabe a dónde va, para ser sincera ni siquiera creo que sepa del todo bien dónde está. No tiene sitio, no tiene lugar, no tiene hogar, supongo que busca encontrarse a sí misma, por eso se sube al tren sin mirar a dónde va.
Va buscando la mirada de la gente, unas veces con desafío y otras con tristeza; siempre tiene los cascos puestos, como si quisiera apagar el mundo y su cabeza por un rato.
Un día la seguí mientras bajaba la avenida que lleva a la estación, se encontró con otra chica que parecía igual de rota que ella, llevaba los ojos empañados como quien tiene más frío dentro del pecho que los 4º que hay en la calle en diciembre; sé que quiso abrazarla porque descifré un instante de titubeo hacia ella, pero no lo hizo; ella también oscureció.


Hay una chica en la estación que coge cada tren como si los hubiese perdido todos, como si ninguno de los que salen fuera el suyo, como si supiese con toda la certeza del mundo que está cogiendo trenes en la estación equivocada. No coge billete, como quien sabe que perderá todos los trenes si no la llevan a una estación con alguien esperándola.
Esa chica vive para morir cada domingo, y no sé si es más triste el vivir para la muerte o el renacer cada semana después de haber muerto sabiendo que vas a volver a morir en siete días.


MissRuines.

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