Hay una chica
que va a la estación de tren cada domingo, se sube al primer tren que llega,
sin fijarse muy bien a dónde va y sin tener billete.
Sonríe cuando
los demás le sonríen pero cuando apartan la vista se le cae la sonrisa de la
boca como si sólo fuese una máscara mal puesta.
Va mirando por
la ventana a medida que sus ojos se llenan de oscuridad, y muchas veces de
agua; como si tuviese océanos en el alma y hubiese un iceberg que le impide
llorar "el verdadero dolor es una ballena demasiado grande para poder ser
arponeada".
Tiene las ojeras muy oscuras y siempre va sin peinar; no va muy abrigada, y con esto me refiero a que siempre lleva un jersey y una palestina y muchas veces cuando tiembla de frío se le ponen los nudillos morados y mientras se los acaricia, siempre, siempre suspira.
Tiene las ojeras muy oscuras y siempre va sin peinar; no va muy abrigada, y con esto me refiero a que siempre lleva un jersey y una palestina y muchas veces cuando tiembla de frío se le ponen los nudillos morados y mientras se los acaricia, siempre, siempre suspira.
Hay una chica
que va a la estación cada domingo, no sabe a dónde va, para ser sincera ni
siquiera creo que sepa del todo bien dónde está. No tiene sitio, no tiene lugar, no
tiene hogar, supongo que busca encontrarse a sí misma, por eso se sube al tren
sin mirar a dónde va.
Va buscando la
mirada de la gente, unas veces con desafío y otras con tristeza; siempre tiene
los cascos puestos, como si quisiera apagar el mundo y su cabeza por un rato.
Un día la seguí
mientras bajaba la avenida que lleva a la estación, se encontró con otra chica
que parecía igual de rota que ella, llevaba los ojos empañados como quien tiene
más frío dentro del pecho que los 4º que hay en la calle en diciembre; sé que
quiso abrazarla porque descifré un instante de titubeo hacia ella, pero no lo
hizo; ella también oscureció.
Hay una chica en
la estación que coge cada tren como si los hubiese perdido todos, como si
ninguno de los que salen fuera el suyo, como si supiese con toda la certeza del
mundo que está cogiendo trenes en la estación equivocada. No coge billete, como
quien sabe que perderá todos los trenes si no la llevan a una estación con alguien
esperándola.
Esa chica vive
para morir cada domingo, y no sé si es más triste el vivir para la muerte o el renacer cada semana después de haber muerto sabiendo que vas a volver a morir en siete días.
MissRuines.
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